miércoles 10 de diciembre de 2008

CONTRA el COPAGO sanitario


El 28 de diciembre se difundían, en algunos medios de comunicación del país, nuevas declaraciones de la consellera de Salut de la Generalitat de Catalunya, Marina Geli, refiriéndose a lo oportuno de introducir el copago en la atención sanitaria pública. Dicha propuesta se proponía como una forma de contribuir a la financiación de la Sanidad, pero no han faltado ocasiones en que han aparecido otros argumentos recurrentes, como el colapso de los servicios de salud. Sean cuales sean los argumentos utilizados, proponer la introducción de un pago en la sanidad pública me parece aberrante. ¿Exagerado? En absoluto y lo explicaré a continuación.


1.- Las falacias de fondo

Se ha difundido socialmente una imagen de uso del sistema de salud que retrata a los españoles como personas inmaduras, que acuden a los servicios sanitarios de manera recurrente, que acumulan vorazmente medicinas y que no han descubierto aun que una gripe no justifica una visita al servicio de urgencias. El retratar a las persona como inmaduras o extraviadas es un elemento recurrente en nuestra escena social (pensemos en todos esos discursos sociales sobre la juventud y su pérdida de valores, por ejemplo), pero realmente, tales afirmaciones suelen ser mentiras o verdades a medias, que en este caso son utilizadas para justificar medidas como el copago y para desdibujar la triste realidad de la sanidad pública en España.

Cierto es que el uso de los servicios sanitarios en España no es todo lo responsable que debería de ser, pero no cabe duda de que hacer de esto el retrato de la sanidad, es tomar la parte por el todo. La verdad es que la gente acude al médico, de forma inmensamente mayoritaria, cuando se siente enferma y esa simple razón, en reconocimiento de nuestro derecho a la salud, nos hace merecedores de un examen o un diagnóstico. A partir de ahí es el sistema sanitario el que ha de crear una red de servicios de atención, en la que se combinen servicios de atención en infraestructuras hospitalarias y servicios domiciliarios lo bastante eficaces como para evitar la masificación de los servicios de urgencia hospitalarios u otros centros.

Porque, ¿acaso existe bastante personal sanitario en las grandes ciudades que acuda con una rapidez aceptable a visitar a un enfermo que solicita atención sanitaria? En absoluto, a pesar de que el tiempo transcurrido desde que aquel realiza su llamada y su visita pueda ser determinante para su supervivencia: ciertamente no en la mayoría de los casos, pero tampoco tan raramente. Un dolor de barriga puede ser producido por una indigestión, una apendicitis o un aneurisma, lo que puede conducir a un desenlace muy distinto según cual sea la realidad del enfermo. Fallan, pues, las atenciones domiciliarias, pero también los centros médicos se colapsan con facilidad, tanto los de proximidad como los hospitales, pero ¿es por inconsciencia de los ciudadanos o por falta de personal y recursos? ¿Qué ha de hacer una persona que experimenta cualquier dolencia y que no recibe hora en su médico de cabecera hasta cuatro días más tarde? Obviamente arriesgarse o bien recurrir a un servicio de urgencias.

Lo cierto es, y los profesionales de la salud saben muy bien que el sistema sanitario tiene su principal endeblez en dos aspectos claves: insuficiencia de recursos económicos y mala gestión de los recursos sanitarios, la cual incluye, además, al bajo trabajo educativo realizado con los usuarios, a fin de mejorar sus hábitos de asistencia. Ahora bien, esta realidad podría justificar mejor que nada la introduccion de medidas de copago con finalidades financieras, así que pasemos a hablar de financiación.


2.- La financiación sanitaria: el verdadero debate

Nos reiteramos en que el sistema de salud está insuficientemente financiado: España es uno de los países que menos invierte en salud por habitante, del conjunto de la Unión Europea. Se nos presenta, pues, el copago como respuesta, ya no educativa de los usuarios, sino financiera, pero tal consideración tiene dos elementos enormemente endebles: la capacidad financiera del sistema de copago y la relación de dicha financiación con la principal fuente de recursos para la sanidad, que es el sistema impositivo.

En efecto, lo primero que cabe señalar es que el copago por atención sanitaria, como aportación financiera, resulta en extremo raquítico. Muchos son los expertos que coinciden con ello y que además apuntan el incremento de costes de gestión que supondría la implantación de dicho sistema, lo que disminuiría aun más su capacidad financiera. Para verlo más claramente, piénsese en un Centro de Atención Primaria: ¿cuántos usuarios serían atendidos diariamente y qué 'recaudación' realizaría el centro, pongamos que a euro por visita? Una cifra absolutamente ridícula. También se ha señalado, como efecto perverso del copago, que al cobrar al usuario este se vuelve más exigente e incrementa la presión sobre los profesionales de la sanidad, los cuales, a causa de lo insignificante de la medida, ni serán más, ni dispondrán de más recursos.

Pero me interesa más destacar sus conexiones sobre el sistema impositivo. Lanzo ahora mismo una propuesta alternativa: si la Sanidad está mal financiada, subamos los impuestos. ¡Ay, pero si eso no es posible, porque hay un dogma que dice que los impuestos han de bajar y bajar, aunque a la práctica suban cada año! ¿Pero por qué subirlos? Las ventajas son claras respecto al copago en varios sentidos. La primera y muy evidente, es que esa sí es una medida de fondo para mejorar la financiación de la sanidad. La segunda, que una medida como ésta, tomada en nuestro sistema impositivo, traslada la financiación desde los usuarios directos, que son los que pagarían con el copago, al conjunto de la sociedad, como por otra parte es lógico, ya que se supone que al sistema sanitario cada uno contribuye en función de sus rentas y su riqueza y recibe a cambio según sus necesidades, lo que hace del sistema sanitario un sistema muy inclusivo. Lo raro es que esa mejora de la financiación no se plantee por las vías impositivas habituales, ¿alguien tiene la respuesta?

De hecho hay varias respuestas. La primera, que medidas como el copago a menudo se proponen como una vía para mantener un mismo nivel de financiación y seguir promoviendo nuevas bajadas de impuestos, que sobre todo favorecen a las personas con mayores rentas y riquezas, así como a otras entidades. Ejemplos: total bonificación del impuesto sobre el patrimonio, bonificación del impuestos de sucesiones, reducciones de los tipos más elevados del IRPF, reducción del tipo del impuesto de sociedades... Aunque, de paso, algunos vean reducida su contribución al IRPF, lo que existe, sobre todo, es una disminución de la contribución de las clases altas a los ingresos públicos sobre los que se sostiene la sanidad, mientras que ello se compensa con medidas como el copago y no se atienden los grandes déficits financieros como la sanidad, pero también, por ejemplo, la educación. El dogma de estar siempre bajando los impuestos no sólo es perjudicial para la cohesión social, sino también la causa de la introducción de mecanismos que socaban el presente y el futuro del Estado del Bienestar. Por lo tanto, cuando algunos hablan de copago, no están realmente hablando de mejorar la financiación sanitaria sino de soñar con menos impuestos para las clases pudientes: téngase eso muy en cuenta porque es un elemento clave del debate.


3.- Por una sociedad de iguales en la salud y en la enfermedad

Aun hay algo más que no debe quedar en el tintero y es la constatación que el sistema de saludo es algo demasiado importante como para que deje de ser gratuito. Decir que es un pilar del Estado del Bienestar no es sólo una frase hecha. La salud es una condición necesaria para el desarrollo de los individuos y de una sociedad, por lo que lo primero que no podemos hacer es cobrar más por estar enfermo. En efecto, esa es la filosofía que respalda la visión "consumista" del sistema sanitario según la cual se propone el copago. Porque resulta que la enfermedad es incapacitante, impide el desarrollo normal de la vida laboral y por lo tanto la capacidad de los individuos, en primer lugar, de generar rentas y, en segundo lugar, de pagar impuestos que sigan reforzando el sistema. Es tétrico imaginar un sistema sanitario en que se cobra por día de ingreso hospitalario o por el consumo de menús en los hospitales, puesto que ello aun castiga más la economía de una familia azotada por una enfermedad, sea ésta cual sea. Ante todo, debemos preservar el principio de igualdad ante la enfermedad y ser capaces de proveer los recursos necesarios, que garanticen tanto la supervivencia económica de las familias, como el más rápido restablecimiento de los enfermos y su protección psicológica. Y el copago no va en absoluto en esta dirección, al cobrar por enfermar y al pretender establecer unas tasas sobre el uso de la salud entre individuos con diferentes niveles de ingresos y riquezas. Dicha solución tan solo puede seguir ampliando las brechas sociales y morales de nuestra sociedad.

Nos queda, sin embargo, un copago posible: el de la existencia de los sistemas privados de salud. La existencia de dichos sistemas alivian la financiación de la sanidad pública al retirar de la misma una parte de los usuarios potenciales, por lo que son deseables siempre y cuando sean de libre adhesión, tengan un carácter complementario y la sanidad pública atienda de forma amplia y suficiente las necesidades de salud del conjunto de la población que reside en el país, para lo cual, no es necesario el copago, sino el verdadero enemigo de algunos: la presión fiscal. Ello implicaría, por lo tanto, acabar con las listas de espera, con los retrasos en los diagnósticos y seguir ampliando de manera constructiva la cobertura sanitaria, no sólo mediante la introducción de servicios de salud no ofrecidos actualmente, sino también reduciendo el copago donde ya existe: en el acceso a los medicamentos.

jueves 27 de noviembre de 2008

Plan de Bolonia : en la Universidad no se enteran...


Cobran especial relevancia en los medios de comunicación las movilizaciones estudiantiles universitarias, que como mancha de aceite se extienden en las universidades catalanas y españolas (diferencio por ser las primeras las más afectadas). Tales movilizaciones pretenden abrir un debate sobre la implantación del Plan de Bolonia, que supuestamente culmina la puesta en manos de las empresas de los centros universitarios, los cuales, a partir de ahora, servirán a sus demandas y designios.


Nada más lejos de la realidad el afirmar eso, puesto que eso es algo que viene ya pasando desde hace años y a lo cual la universidad ha contribuido de forma muy activo. El purismo rebelde del mundo de las humanidades y de parte de la ciencias sociales, no sólo es falso, sino falaz y lo vamos a ver comentando los problemas centrales que aborda la universidad española son, por este orden:


a) La inexistencia de titulaciones públicas para carreras de alta demanda social, como enfermería, que envía a los interesados a universidades privadas elitistas (que no de élite) y de elevado coste para las familias. Es preocupante que nadie hable de esto pero así estamos.


b) El sacrificio de los mejores años de estudio de los aspirantes a licenciados que, tras pasar de cuatro a seis años en carreras absolutamente desconectadas de la sociedad (la mayor parte de las humanidades y una parte importante de las ciencias sociales), arruinan sus posibilidades de inserción laboral y les condenan a la precarización laboral y económica. La precariedad laboral de los jóvenes se encuentra muy bien representada en los poseedores de dichas licenciaturas, pero de eso tampoco se habla y siguen llenándose las facultades de historia o de sociología de personas condenadas a la atención telefónica.


c) Una endogamia atroz, contumazmente negada pero particularmente alta en los ámbitos 'de letras', que ha supuesto una degradación sin precedente de la calidad docente y, por añadidura, del potencial analítico y crítico que para la universidad algunos reclaman. Hoy, para acceder a la universidad, no se premia la excelencia, sino el ser protegido por el establishment, lo cual tiene consecuencias tan graves para la formación y para el progreso intelectual del país, como la baja cualificación de los profesores de secundaria.


d) La burocratización e irresponsabilidad del personal docente, expresada en la dilapidación de los presupuestos públicos dedicados a la investigación y en un recurrente absentismo laboral, que da lugar a la figura del investigador burócrata, especializado en refreir articulos, en acudir a cenas y viajes que él no paga y que, además, premia con una plaza a los que hacen lo mismo que él.


La privatización de la universidad o su dependencia del mundo empresarial se vincula estrechamente a estas dinámicas, no al Plan de Bolonia, como también se asocia a la miseria intelectual que azota al país. Por el contrario, algunos aspectos del plan, adecuadamente aplicados, especialmente en lo que se refiere a la especialización, puede paliar algunos de estos efectos, aunque para nada entre a corregirlos, lo cual augura un muy oscuro futuro a la universidad española. Además, el problema es que son esos mismos docentes envilecidos los que van a desarrollar esos masters, por lo que de nada va a servir todo esto.


Los estudiantes, mucho claustro y mucha asamblea, pero no se enteran de NADA. Y no me llames pesimista porque tenga una ilusión.

lunes 17 de noviembre de 2008

La sexta trompeta de Izquierda Unida

"Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca" (Apocalipsis, 9:17 y 18)

En efecto, este pasado fin de semana han sonado la sexta trompeta para Izquierda Unida, aquella que matará a la tercera parte de sus miembros y tras la cual los supervivientes "no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos" (9:21). Ciertamente, no habra que tomar tales cosas literalmente, pero San Juan describió bien en este pasaje el espíritu del tiempo de Izquierda Unida.

Cierto es que en la IXa Asamblea se dieron cita tres plagas: la conocida como de los llamazaristas, esto es, los fieles seguidores de Gaspar LLamazares, aquellos que ya debieron ser nombrados en una trompeta anterior y que llevan ya unos ocho años condenando a la organización a los abismos postapocalípticos; la conocida como la "Nacional II", donde se dan cita las mayorías de Cataluña, Aragón y la sección ladrillera del Madrid de Ángel Pérez, que son también antiguos llamazaristas pero a la vez traidores, pues no dudaron algo antes de las últimas elecciones en dejar con el trasero al aire a Llamazares y su pacto secreto con Iniciativa per Catalunya en Valencia, que pretendía imponer una candidata del gusto de esa organización para evitar la comparecencia en dichos comicios de la versión valenciana de la tercera plaga; y, finalmente, el PCE partido, un grupo burocrático cultivado alrededor del aparato jerárquico del viejo pero existente Partido Comunista de España, que lleva esos ocho años oponiéndose al fuego llazamarista con el azufre peceero.

Bueno, pues como es lógico, cuando se juntan tantas plagas, sólo la desolación queda tras de sí, y así ha sido. El más reciente capítulo de la historia apocalíptica de Izquierda Unida trae la desolación esperada: banalización de los compromisos políticos, incapacidad de elegir un coordinador general por la misma incapacidad de renunciar al poder y sus expectativas, faccionalismo y bastante vergüenza ajena. De cara a la galería de los amigos queda la idea de que realmente lo que ha sucedido es que se han recompuesto varias fracturas y que se seguirá avanzando por este camino, pero la pura verdad es que la mediocridad campa a sus anchas y que la falta de grandeza condena para siempre al proyecto político.

Llegará ahora el interludio de las trompetas, aquel por el cual algunas cosas acontecen antes de la séptima: la llegada del ángel (del Ángel Pérez, no lo duden), los dos testigos que evangelizarán 1260 días (¿Ánguita y Frutos?)... Pero al final, la suerte estará echada, porque nada queda ya que evite el fin de los tiempos, el fin de un proyecto que se devora a sí mismo entre incapacidad y voracidad, así como entre la pérdida de contactacto con el presente, de lo cual tan buen ejemplo prestaba Cayo Lara, el cabeza de la lista más votado en el congreso, al extraer del recuerdo de la Pasionaria una caja de música en la que sonaba la Internacional. Este se quedó por detrás de muchas trompetas.



jueves 30 de octubre de 2008

Una reina nada progre

Una cuestión de precedentes

Me llama la atención, varios meses después de que algo me la llame sensiblemente, la actitud mediática y popular tomada en relación con los extractos de la nueva biografía de Sofía de Borbón, denominada institucionalmente reina de España con motivo de su enlace matrimonial con el heredero de la corona española, Juan Carlos de Borbón, quien a su vez fue nombrado rey por el general Francisco Franco, quien a su vez era jefe del Estado desde su victoria militar contra el gobierno de la República española en 1939. Dicho sea de paso, la jefatura del Estado, por aquellos tiempos, no correspondía a un rey sino al Caudillo, que era él y que además lo era "por la gracia de Dios". Posteriormente el monarca sería refrendado en el cargo mediante la reubicación de la monarquía como jefatura del Estado en la Constitución española de 1978 y previa renuncia del conde de Barcelona, Juan de Borbón, a ejercer sus derechos dinásticos como heredero del rey Alfonso XIII, así como de la sociedad española en general a reclamar la reinstauración de la República como forma legítima de gobierno. Y no me voy nada del tema, cuando afirmo a continuación que el precio pagado por esta clase de renuncias tiene una altura histórica y nos lleva por caminos sinuosos que nos impiden abordar la realidad con serenidad, criterio, rigor y, sin duda, acierto.


Volvamos a la biografía de Sofía de Borbón o Sofía de Grecia, como también se denomina a la reina consorte, si bien su verdadero nombre es Sofía Margarita Victoria Federica Glucksburgo, quien se encuentra emparentada con la extinta (institucionalmente) familia real griega, asi como con la danesa (donde aun pervive la monarquía parlamentaria). Resulta que esta señora ha expresado sus opiniones sobre cuestiones de cierta variabilidad ideológica como el aborto (en contra), la eutanasia (en contra), el comportamiento público de los homosexuales e incluso ha indicado lo deseable que resultaría que todos los niños recibieran formación religiosa en los colegios, sin especificar, por cierto, de qué creencia (aunque lo adivinamos) y señalando su necesidad para que los niños reciban una explicación del mundo y de la vida.

Publicadas dichas manifestaciones en El País, han saltado las alarmas en la izquierda parlamentaria y la sociedad civil especializada en asuntos de estos, quienes, con la noble excepción de Joan Ridao, de Esquerra Republicana de Cataluña, se han apresurado a señalar que la reina debería callar y no hacer afirmaciones sobre estas cuestiones, porque su cargo así le obliga. Y no han faltado numerosas intervenciones en foros de prensa y similares, que le pedían lo mismo o bien la vitoreaban por tan sagaces y avanzadas consideraciones. Pues bueno, aquí es donde rescatamos lo del precio a pagar por ciertas renuncias: el precio es el olvido y la pereza mental.

Pensando en la Corona

La monarquía no es una institución abstracta sino tan sólo un papel que desempeñan personas. Éstas, a causa de las anacrónicas normas que rigen a la misma, son escogidas de entre un selecto grupo de personas, del que, por lo tanto, la inmensísima mayoría de la población está excluido. Y no se ubica precisamente en los espacios más austeros y progresistas de la sociedad , ni tampoco destacan sus miembros por sus extraordinarios dotes de mando, sino tan sólo son lo que son: descendientes de una familia determinada. Y como personas que son, tienen opiniones que representan perfectamente al grupo social del que proceden, lo que han aprendido en dicho entorno y los principios ideológicos que sustentan su actividad al frente de la jefatura del Estado. Y, en efecto, en esos entornos no se aprende ni la teoría de la Evolución, ni siquiera una Brevísima Historia del Tiempo y aun menos se asimilan cambios sociales como la normalización de la diversidad sexual y de modelos familiares.

Pero lo peor de todo es como, al pedir su silencio, la izquierda parlamentaria y social se suma al compromiso, llamémosle de inviolabilidad, del que goza la Corona en España, ese compromiso que posibilita procesos judiciales contra jóvenes que queman fotos del Rey, que activa todos los resortes mediáticos para enaltecer al rey cuando realiza salidas de tono como el 'por qué no te callas' o que alarga sine die la permanencia acrítica de una institución no solo desfasada, sino antidemocrática, consiguiendo además una auténtica paradoja: hacer pasar por anómalos a su críticos y no a la pervivencia de la institución en sí.



Por eso la izquierda no ha de pedir silencio, sino entregar el micrófono a la reina y dejarla hablar. Que hable y que exprese todas y cada de sus convicciones, a fin de que se rompa esa gran falacia que presenta a la monarquía como una institución simbólica y carente de sentido y orientación política o ideológica. Porque no lo es en absoluto. Por el contrario, considerar que sus opiniones son una falta al cargo que ostenta o a tal español, es una necedad. Y de las gordas, porque demuestra que no sólo te han colado un gol político, ideológico y cultural teniendo que contemporizar con la monarquía sino que además te has acabado metiendo hasta la barbilla en el discurso que lo sustenta.

lunes 7 de julio de 2008

Moción Futbol Club Barcelona: la institución de la triste figura

Por fin ha tenido lugar otro de esos actos de catarsis colectiva que asolan a la sociedad cada cierto tiempo, consistente en unos comicios en Can Barça: la moción de censura contra el presidente Joan Laporta, y el resultado ha sido espectacular: el 60% de los participantes se muestran de acuerdo con la misma y abogan por sus sustitución al frente del club. Pues bueno...



Sin embargo, lo relevante del evento no es eso, sino la congregación de monstruos que se reúnen ante tales actividades. Sin duda, es el temor a lo peor lo que propicia que una gran mayoría de los socios pasen del tema. Y es que hay que ser muy valiente para arriesgarse a ir al Nou Camp y toparse con los sollozos de Josep LLuís Núñez, ese mito del barcelonismo, pero mucho menos reconocido como uno de los grandes instigadores de la crisis del sector inmobiliario y el endeudamiento hipotecario de los españoles. Sin duda gran parte de esos endeudados, que acaban aun más endeudados por pagar una cuota de socio desmesurada, prefirieron no ir a votar para no encontrárselo.

Luego está toda ese grupo de oportunistas y personajes con afán de notoriedad, que oscilan entre el periodismo asqueroso, el tertulianismo bien pagado y la aspiración presidencial, entre los que se cuentan el gran Josep Maria Minguella, entre tantos otros. O el niño bonito del Barça, Sandro Rosell, un personaje sacado de las entrañas de la especulación deportiva, que viene a salvar al club del laportismo mal entendido.



Y culminamos con esa junta directiva, encabezada por el gran Laporta, que no sé que dice de un voto de castigo. Pero a ver, ¿se dan cuenta de la cara que hay que tener para que un 60% de votantes te censuren y el tío siga amarrado al cargo como si tal cosa? Y todavía habla de fiesta de la democracia, cuando reduce su comportamiento electoral al que se esperaría del indeseable presidente de una asociación de folkloristas.

Así esta la cosa, pero a pesar de los pesares, éste parásito de la sociedad catalana llamado Futbol Club Barcelona sigue siendo puesto en el centro de la atención de medios y medias y elevado al nivel de algo trascendente, cuando no es más que una auténtica cutrez convertida en máquina de ganar dinero y gastarlo. Y yo que no sé para donde mirar...

miércoles 4 de junio de 2008

BICING eando la ciudad


Hace algo más de un año que el servicio municipal de bicicletas, el famoso BICING, fue implantado en Barcelona, y su éxito ha sido arrollador, al contar ya con una cifra de usuarios diarios que ronda las 40.000 personas y al haberse superado largamente las 100.000 personas inscritas.

Sin embargo, el éxito del BICING contrasta con las respuesta de una ciudad que no está preparada urbanísticamente ni sociológicamente para acoger a la bicicleta, y ello, en la Sociedad de la Información, se traduce en una insistente lluvia de debates populares sobre su conveniencia y sus riesgos para los transeuntes, lo cual resulta particularmente chocante, cuando en una ciudad densamente motorizada, parece que el principal actor en riesgo habría de ser el propio ciclista, como de hecho así es.

Pero todo tiene sus razones y vamos a desglosarla por grupos de interés:

1) El usuario del Bicing, pocas veces se molesta en conocer las disposiciones de la denominada ordenanza de la bicicleta y si las conoce, se las salta. Es por eso que habitualmente el ciclista ocasional circula escuchando música en su MP3 (¡prohibido!), en el sentido que quiere (¡prohibido, es un vehiculo más!), en aceras estrechas (¡prohibido circular en aceras de menos de 4 metros!), bordeando los portales (¡prohibido pasar a menos de un metro de distancia!) y acosa a menudo a los peatones con su timbre, tenga o no motivos para ello. En su defensa hay que decir que la falta de experiencia es un atenuante, aunque instalarse en conductas inapropiadas como saltarse sistemáticamente los semáforos, no es una gran idea.

2) El peatón odia compartir su espacio con nadie y percibe el Bicing como una moda, olvidando el hecho de que ese usuario del Bicing está descongestionando los transportes públicos, mejorando sus hábitos en el ámbito de la actividad física y contribuyendo positivamente al medio ambiente, al desplazarse en vehiculos no contaminantes. Y aun odia más ceder el paso a un ciclista cuando éste se incorpora al carril bici, sin plantearse que el ciclista puede quedar atrapado en un enjambre humano, o esperarse a que pase la bicicleta que viene hacia él con el semáforo en verde, que para eso el peatón es el animal más rápido del Oeste.

3) El carril bici esta diseñado para generar hostilidad entre peatón y usuario, cuando se sitúa en las aceras. El ayuntamiento no ha tenido inconveniente en construir carriles bici en la Diagonal, que pasan en medio de una parada de autobús y un kiosco, generando el pánico en la población. Además renuncia en buena medida a integrar a los ciclistas en la calzada, no promoviendo decididamente la pacificación del tráfico y, por lo tanto, implementando zonas 30 en todas las calles que no son grandes vías. Pero claro, eso es algo a lo que los vehiculos a motor se van a oponer.

4) Los vehiculos a motor contribuyen poco o nada a que las bicicletas circulen por la calzada. Las motos acosan constantemente al ciclista, no respetando la distancia de seguridad establecida en la ordenanza. Mención a parte merece una subespecie conocida como taxista, quien considerándose el amo de la calzada, no está dispuesto a que ninguna bici circule con libertad por la misma ni a favorecer sus maniobras. Cierto es que los más respetuosos son los vehiculos de cuatro ruedas privados, pero uno se siente un extraño circulando entre ellos en horas punta, además de inseguro, por mucho que la ordenanza invite a ello.

5) La ordenanza de la bicicleta de Barcelona impone un conjunto de obligaciones al ciclista poco adecuadas a la realidad del tráfico e innecesariamente restrictivas. Las previsiones que hace en cuanto a distancias de seguridad son inasumibles y las velocidades de circulación en carril bici de acera, algo escasas. Pero lo peor de todo es que se ha implementado más como un medio de control y coacción del ciclista que de protección del mismo frente a los vehiculos a motor. Así, el problema que algunos medios presentan de desconocimiento de la ordenanza entre ciclistas, oculta estas graves deficiencias.

En cualquier caso, es una grandísima noticia que el uso de la bicicleta alcance una normalidad creciente en una ciudad cuyos índices de contaminación son elevadísimos, que tiene en el vehiculo a motor su principal responsable y por la cual , durante todo el día , circulan una inmensa mayoría de vehiculos con un solo ocupante. Y es que la bicicleta no es el problema.

martes 3 de junio de 2008

La naturaleza de un trasvase

Si usted vive en Cataluña, debe llevar unas cuantas semanas oyendo hablar de trasvasar o no trasvasar agua, concretamente de la cuenca del Ebro a las cuencas interiores. Dicha polémica se ha desatado a causa del episodio de sequía que ha atravesado Cataluña en los últimos meses y que había puesto en peligro el abastecimiento urbano en la provincia de Barcelona a partir del próximo otoño. Finalmente parece que el gobierno derogará dicho trasvase, si bien el PSOE se ha comprometido con CiU a estudiar otro trasvase, el del Ródano.


El acalorado debate vivido entorno a la cuestión ha generado una incesante lluvia de opiniones y de valoraciones negativas respecto a la gestión que se ha hecho del asunto, que han permitido hacer ese resumen ya recurrente de "todos son unos sinvergüenzas" o "incompetentes" u otros adjetivos similares, pero al mismo tiempo ha impedido formular las preguntas adecuadas en esta cuestión, por ejempl:


¿Qué carencias experimenta la política hidrológica como para poner en peligro el abastecimiento doméstico de millones de personas, en una situación como la vivida?


Buena pregunta. En parte es el retraso que experimentan algunas infraestructuras ya previstas (la desaladora del Prat), pero en realidad esa no es la cuestión. La cuestión es plantearse seriamente cual es la disponibilidad hídrica, cual es el orden de necesidades que hay que atender y como se están atendiendo. Así, en un contexto en que la agricultura absorbe la inmensa mayoría de los recursos hídricos (el 90% en la cuenca del Ebro y un 50% aproximadamente, si no recuerdo mal, en las cuencas interiores), diría que se ha hablado demasiado poco de esto. Como también se habla demasiado poco de las políticas agrarias, de en que se gasta el dinero que este sector consume y de que tipo de sector se está preservando.


Otro asunto interesante es ver como en el curso de bajo del Ebro se sufre por el caudal del río ante la salinización creciente de los cultivos del Delta, mientras en Aragón y Navarra el Ebro lleva buenas cantidades de agua. O como los arroceros se lamentan de ello, mientras que los algunos marisqueros de Sant Carles de la Ràpita veían arruinada su producción el verano pasado por los efectos de un pesticida utilizado en los "sostenibles" cultivos del Delta. Y si a eso añadimos las ganas que tiene de especular todo el mundo -aunque particularmente constructores y agricultores , por este orden de importancia - llegamos a una conclusión inequívoca: es difícil hacerse una idea clara de que es lo que pasa aquí.


En todo caso, bueno sería recordar tres cosas sencillas: 1) Que en un contexto de calentamiento del clima, la gestión del agua cobra especial relevancia; 2) Que el agua no es sólo un suministro, sino un elemento clave en la reproducción de los ecosistemas, por lo que hay que favorecer su circulación por sus cursos naturales a fin de preservar la sostenibilidad de los mismos; 3) Que un trasvase no es un curso natural, ni tampoco una solución adecuada, por lo que no debería aparecer ya como solución a la política hidrológica, pero coyunturalmente, puede ser a veces la única solución al alcance y , entonces, es conveniente algo menos de demagogia.